El sepulturero
¿Has tenido alguna vez uno de esos días en los que solo hacías cosas por obligación ya que eso te permitía subsistir? Esa es la vida del macabro sepulturero de las Islas de la Sombra. Último miembro de su familia, Yorick era el joven correcto, atractivo, moderado y educado con el que toda mujer soñaría con tener de esposo. Pero portaba sobre sus hombros el trabajo que su familia heredaba de generación en generación: ser el enterrador y dueño del cementerio del pueblo. Mucho antes de que Noxus o Demacia naciesen, cuándo Shurima empezaba a alzarse, había cerca de los picos del sur de la actual Piltover un pequeño pueblo anclado en las tradiciones de mineros. Su nombre ya se ha olvidado, pero Yorick era miembro de esa cultura milenaria que ya se ha perdido y que tan pocos conocen. La vida del joven era monótona y el pueblo vivía sin un gran avance tecnológico, pero todo se iluminó cuándo conoció a Flora: una chica de su edad, de rubios rizos en su larga melena, ojos verdes, pecas en su cara y dientes de conejo. Flora no era la chica más deseada y hermosa del lugar, pero sí la flor más adorable e inocente que nadie había visto nunca. Yorick se quedó prendado de ella y ante todo pronóstico y gracias a el amor que ambos sentían por la naturaleza y la vida, el hijo de los sepultureros y la hija de los floristas acabaron compartiendo un tierno romance adolescente que se alargó por muchos años. No tenían ni un cuarto de siglo cuándo la pareja decidió casarse, sin embargo en el pueblo los rumores entre ellos se habían esparcido. Flora tenía más pretendientes y el peor de ellos, Bertrand, hijo de los joyeros no consentiría que un sucio enterrador se casase con la chica más mona que había. El día anterior a la boda, los matones de Bertrand secuestraron a Flora y la violaron entre todos, habiéndola forzado antes a ponerse el traje de boda, dejando su cuerpo sin vida con el cuello cortado para que se pudriese en las calles. Al día siguiente, cuándo Yorick se dirigía al altar se encontró con todo el pueblo armado. Culpándolo a él de la muerte de su prometida, la cuál acababa de descubrir, Yorick fue ejecutado públicamente. Pero los dioses de la muerte son caprichosos, y tras la muerte del último Mori, ellos tomaron su alma y la pusieron en un cuerpo monstruoso que se personó directamente en el lugar. Armado con la pala familiar, los aldeanos observaron el evento que no entendían y los dioses de las Islas le hablaron a Yorick: "Mátalos a todos por lo que te han hecho y sírvenos guiando a los difuntos hacía el más allá. Quizá así te demos lo que perdiste". La furia se adueñó de él, que encerró a los residentes invocando una legión de presagios, torturando durante siglos a los que lo mataron. Una vez hubieron pasado siglos de muerte, Yorick había olvidado porqué luchaba y obedeció ciegamente a los dioses de la muerte, pero ahora, varios milenios después, Yorick ha recordado a Flora, que ya no es más que una pila de huesos con un vestido, y aún así no ha podido volver a su lado. Los dioses le dieron poder, y ahora Yorick usará ese poder para recuperar la única flor que floreció nunca en su propio cementerio. Aunque en su interior ya solo haya ceniza, gusanos y las ratas lo acompañen.
El carcelero implacable
Castigo eterno, el sonido de las cadenas apretando los huesos hasta que crujen junto al de los últimos alientos, el olor de lo inevitable y la inacabable tortura de las almas de las que me adueño ¿No suena a paraíso? Algunos me llaman loco, y quizá estén en lo cierto, pero la única certeza en esta vida es que tarde o temprano tu alma servirá en mi prisión personal. Las vidas finitas me intrigan, los animales se revuelcan en su naturaleza efímera con un insultante aire de superioridad, como si su dicha fuese a durar para siempre, pero yo discrepo enérgicamente. Sus risas, su felicidad... Qué veneno tan terrible es para mí. No soy feliz hasta que gritan y lloran en desesperación. Desconozco los placeres de la comida y la bebida, pero ver lágrimas mezclarse con sangre es un gozo que trasciende la realidad. Hubo una alma que disfruté en particular de arrebatar. Ella era una mujer de piel morena y su marido era igual a ella, pero me caía peor, todo el día sonriendo. Me sentí especialmente ofendido cuándo la pareja vino a perturbar la calma de las islas. Decidí hacer lo que mejor sé hacer y librarme de ella, que era la parte fuerte. Lo que no sabía es que matarla despertaría a esa bestia. Tomó su pistola y juró matarme. Pobre iluso, mi deber continuará por los siglos de los siglos y él envejecerá. Pero sigo recordando con claridad como ese hombre perdió la sonrisa y ahora desconoce la felicidad. Su sufrimiento trata de encontrar negación en la realidad. Lucha con una fiereza inhumana para vengarse de mí, y eso me resulta tan entretenido... Hay monstruos que se dice que al arrancarles una cabeza les salen dos más. Los humanos normalmente se vuelven más débiles cuánto más están contra las cuerdas, pero este sujeto ha adquirido una determinación digna de uno de los nuestros. Si Lucian no acaba conmigo, acabaré por poseerle y convertirle en otro carcelero más. Será divertido aplastar su alma y sentir como su cuerpo estalla por dentro en sangre y dolor... Mientras tanto, debería recolectar más almas ¿Serás tú la siguiente?
El bufón siniestro
Es el quinto día en el que muere alguien. Otro cuchillo directo a la frente. Pensaba que los que acababan en un torso o una garganta eran de otro asesino, pero cada vez estoy más seguro de que todo es culpa de la misma persona. Los cuchillos son todos idénticos, este criminal no es tan listo como parece. Al menos nos deja pistas. Aunque no lleven a ningún lado. La última ocurrencia extraña han sido unas cajas sorpresa gastadas y viejas para dar sustos a los niños, así como confeti y bombas de humo ¿Un payaso? Menuda estupidez. Quizá es que todas las víctimas tengan una conexión con el circo ¿Una vendetta personal sobre otros circenses? Este caso me va a dejar seco. Desearía poder volver a Piltover y ordenar mis pensamientos. Mira que darme todo el trabajo a mí... Existe esa sheriff que es tan buena detective ¿Por qué a mí? Me acabo de sacar la carrera, así que supongo que me toca pringar con lo más desagradable. Esta isla no es segura. "Islas de la Sombra". El nombre ya lo dice todo ¿Y ahora quién llama a estas horas? Sigue lloviendo, seguro que quieren venderme algo. Tranquilo Jonathan, finge una sonrisa y diles que te dejen dormir en paz, no puede ser tan terrible. ... ¿Hola? Mierda, seguro que era un niño de estos tontos que llaman a las puertas para luego salir corriendo. Vaya tontería. Iré a cortarme una manzana a ver si me calmo. Un momento... ¿Y mi navaja?
A la mañana siguiente Jonathan fue encontrado muerto en su cocina con varias puñaladas en la espalda. Fue imposible encontrar al asesino. Los ciudadanos que emigraron a las Islas a la Sombra no tardaron en regresar a sus casas en barcos. Pero desde que partieron, cajas de sorpresa fueron encontradas en los barcos...
La pesadilla eterna
Papi no me cree cuándo le sigo que hay un monstruo fuera de nuestra casa. Le digo que tiene garras de metal afiladas pero dice que seguro que solo son los adornos de mi disfraz de princesa. Le digo que me da miedo dormir con la luz apagada y que venga el monstruo pero me dice que no pasará nada, pero yo sé que él me está mirando. Se esconde bajo la cama y repta por el suelo y las paredes, convirtiéndose uno con la oscuridad. "Sch sch sch". Es el sonido que hace cuándo quiere susurrarme algo. Le grito que no quiero escucharle y eso despierta a papi y mami que vienen a ver qué me pasa. Siento no dejarles dormir pero es que tengo miedo... El monstruo es malo y quiere hacerme pupa. Pude verlo incluso cuándo fuimos al cumple de Martha. Cuándo fuimos a jugar con su caballo pude verle entre los árboles. Esta vez gritaba: "Ven conmigo. Abraza la oscuridad". Lo último que recuerdo es que acabé con vómito sobre mi vestidito. Pero desde ese día todo está mal. Papi he empezado a gritarme y mami hace como si no existiese ¿Por qué? Me puse a llorar en el cuarto a ver si me hacían caso, pero solo conseguí que papi me diese una bofetada. Entonces él apareció. Les cortó en canal con sus grandes garras y me tendió su mano. No era tan malo cómo yo creía, ha hecho que todo vaya bien, me ha salvado. Supongo que le agarraré la mano. Uh, ahora me levanta ¡Qué divertido! Espera ¿Qué piensa hacer con esa garr-
El maestro del metal
Era un sábado negro. El funeral del último rey de las Islas de la Sombra, Mavick el tuerto. Un anciano viejo, cruel y pervertido que no aceptó de buen grado su destino, pero aún así se les forzó a sus ciudadanos a llorar en el entierro como si en verdad lamentasen su pérdida. Era muy sencillo fingir una lágrima por ese monstruo de ropa negra que les mangoneaba y robaba, pero como toda moneda, siempre hay dos caras: la doncella de hierro que sería su tumba albergaba al hombre que hacía que los monstruos de las Islas no atacasen. Fue tras la muerte del rey tuerto cuándo los asesinatos del bufón empezaron. Pero algo mucho peor aconteció en la ceremonia funeraria. Sin previo aviso, el personal del rey cerró todas las puertas y ventanas del lugar, que quedó iluminado solo por tímidas velas. Los cuchicheos entre la gente aumentaron, la confusión apareció y se expandió con suma facilidad, pero el silencio se hizo tras un golpe. El ataúd del difunto rey había sido roto en dos, partido por la mitad, y el cadáver también, separado de cintura para arriba de sus piernas. Y entre las dos partes del cuerpo y el ataúd restaba una enorme bola de maza, con afilados picos. Tras unos segundos silenciosos, la maza se elevó y reposó sobre un hombro: una armadura viviente de ojos rojos como la sangre y que alzaba más de dos metros del suelo les observaba. Cuándo todos los presentes comprendieron la naturaleza de lo que estaba teniendo lugar, los gritos inundaron el ambiente, pero el maestro del metal no disfruta del caos si no es quién lo organiza. Con lentos pasos se empezó a abrir paso por el edificio. Los símbolos religiosos de aquella iglesia ardían, se fundían o se desintegraban a su presencia, era un demonio, un espíritu destructivo. La gente luchó por abrir alguna puerta o ventana, pero el personal había desaparecido. Un barrido de maza después y ya había cinco personas sin cabeza, incrustadas en las paredes con la sangre esparciéndose por todo el mobiliario. "Mordekaiser" susurraba el clérigo, que no tardó en ser alzado del cuello. Mientras rezaba desesperado y asustado, el maestro del metal absorbió su alma con un deleite tenebroso. El cuerpo sin vida del religioso fue usado de proyectil para matar a un niño que gritaba en un tono muy agudo. Mordekaiser alzó la maza, y lo que ocurrió luego es demasiado grotesco y desagradable cómo para ser narrado. Simplemente, el hogar sagrado de los dioses era ahora un infierno.
El treant retorcido
Antaño, esta tierra era tan bella que los humanos se volvían uno con el entorno, asimilando vidas enteras desprovistos de la mácula de la tecnología. Pero su bondad escondía malas intenciones. Quise confiar en ellos cuándo empezaron a adorar el musgo y la piedra, y en cuánto escucharon mi voz trascender sus débiles mentes, fue cuándo todo se perdió. No debí haberles dado el don de la magia como si fuesen hijos míos, pues volvieron su poder contra mí. Los humanos dominaron la magia y usaron los árboles e incluso algunos de los suyos para alimentarse a ellos mismos. Era como si árbol arraigase en otro, matándolo para subsistir. Era enfermizo, pero era también demasiado tarde. La escoria humana debilitó mi poder y marchitó los bosques de la gloriosa tierra a la que yo amaba, y parecía que iban a destruir el roble milenario que daba vida al resto del bosque, pero yo no dejé que aquello ocurriese. Cómo espíritu del bosque, me metí dentro del roble, poseyéndolo. E hice que se levantase, canalizando a través de él mis hechizos hasta que pude matar a los suficientes magos, pero otros huyeron. No me di por vencido, moldeé al roble para poder moverlo del lugar y perseguí a los humanos uno por uno hasta acabar con ellos, mas creo que no me libré de todos, pues entonces aparecieron los espíritus corruptos. Símbolos de muerte, venganza, tortura y perdición tomaron forma. Vi como una de los magos se convertía en una heraldo de la lujuria, de las cenizas salieron las arañas y su señora: Vilemaw. Y una maga se transformó para obedecer a la diosa arácnida. La mayoría de magos abrazaron los lados más macabros de su humanidad, y algunos hasta despertaron el mal de las islas, arrancándome de los restos de mi alma magia para convertirse en espíritus que rozaban mi poder. No pude hacer nada: me deformé y quedé encerrado en el cuerpo del árbol que poseí, y pasé de ser el espíritu divino de la naturaleza a ser un mero prisionero encerrado en madera dura como la piedra. Lloré y sentí debilidad por primera vez en la vida, maldije mi nombre en aquella lengua que solo yo conocía, y decidí entonces responder al nombre de "Maokai". Un nombre retorcido para una criatura retorcida como la que he acabado siendo, pues ahora me siento indigno de mi verdadero nombre. Pero me las pagarán. Los humanos no merecen la magia, no la saben usar bien. Pienso dedicar la eternidad de mi existencia a dar caza a los magos de toda Runaterra para matarlos entre mis ramas, les enseñaré algo realmente retorcido, acabarán lamentando su imprudencia y sobretodo, pedirán perdón por el día en que destruyeron el orden natural.
La voz de la muerte
-¿Te acuerdas de esos días en los que íbamos a la playa los tres, cariño?
-Por supuesto que los recuerdo, mi vida. La arena fina, el sonido de las olas, sus risas, tus indicaciones de que no se metiera en el agua y mis copas de zumo de arándanos... Eran días bonitos.
-¿Qué hicimos mal?
-Quizá no había nada que pudiéramos haber hecho. Él simplemente era así. Es decir, fue él quién en tu cumpleaños te regaló un gato muerto. A mí toda una colección de bichos disecados. Algo pasaba con nuestro pequeño.
-Siempre he querido pensar que solo era un niño de gustos particulares, que incluso otros críos hacían lo que él hacía.
-Pero te engañabas.
-No sabía cuánto. Se le veía siempre tan contento y feliz...
-Cuándo no estaba apuñalando a las ratas que capturaba.
-Quizá sí tuvimos a un pequeño monstruo con nosotros todo este tiempo.
-...
-Cariño.
-Dime.
-¿Cuánto crees que durará esto? Quiero perder el sentido ya y dejar de sentir nada.
-No lo sé. Desde que vino esa criatura de pelo blanco, rostro cadavérico y presencia fantasmal, solo puedo sentir un frío terrible y noto como floto perdida en el tiempo. Te dije que aquí habían monstruos peligrosos.
-Sabes que ese monstruo que nos mató era nuestro hijo.
-No. Me niego a creer que mi hijo se haya convertido en eso y que ni nos recuerde. Si estamos muertos... al menos deja que piense que no ha sido él.
-Tienes razón...
-...gracias.
-...
-...
-Oye.
-¿Sí?
-Gracias por darme una vida de felicidad. Al menos ahora podremos pasar la eternidad juntos.
-Idiota...
Ah... la melodía de la muerte es tan dulce... Creo que estos dos últimos me sonaban de algo, puedo sentirlo en esas últimas notas calladas de desesperación ¿Quién eran? Tic, tac, se me acaba el tiempo. Toca ir a por más víctimas, no merece la pena recordar una vez has descubierto la sonata definitiva de la belleza póstuma.
El espíritu de la venganza
Mi sorpresa al encontrarme con esa mujer no puede describirse con palabras. Nada más verla pensé que otro espíritu perturbaría y corrompería mi tierra, antaño sagrada y bendita, pero me alegra afirmar que no fue así. La guerrera me señaló con la lanza de su mano y vio mi pasado como si me atravesase la mente. Ambos hemos sido traicionados, pues de ella también se tomaron demasiadas confianzas. Le conté mi historia, de cómo los magos destruyeron este refugio místico, convirtiéndolo en la tierra de la desesperación. Su veloz desaparición me preocupó, pero poco a poco noté que la magia esparcida por los rincones de la isla iba desapareciendo. Pasé meses sin volver a verla y ahí por dónde iba en mi incesante viaje encontraba cuerpos humanos con agujeros en su estómago. Al parecer alguien hizo bien su trabajo. Cuándo no quedaba más magia que la de los otros espíritus en la isla, ella volvió a aparecer. No recordaba su nombre, pero yo sí. Nada más sentir su frío tacto fantasmagórico noté el calor de esa niña. Kalista. Cuándo yo era el espíritu del bosque, ella venía a jugar con los animales y las flores, pero entonces vinieron los demás humanos que corrompieron el bosque. Ella se había enrolado en el ejército por lo que parece ser, pero no me dijo a qué bandera servía, pues he oído que los humanos son mucho más fratricidas que hermanos, en todos los sentidos. Y sentí lástima. Mientras ella perseguía a un objetivo desconocido le atacaron sus propios hombres y ahora, a raíz de la magia es... esa cosa horripilante y deforme. Al menos parece no recordar el dolor y la agonía. Me sorprende haber tardando tanto en descubrir su identidad, pero supongo que mis propios problemas me eclipsan y nublan mi juicio. Dice que se dedica a castigar a los traidores. Yo castigo a los humanos por sus crímenes, así que no somos tan diferentes. Me siento como si fuera quién la engendró, pero nuestros caminos ya se han separado. La vi marcharse en la niebla, atravesando el océano. Me habló de un lugar habitado por piratas, dónde la traición está a la orden del día. Le deseo mucha suerte en su búsqueda, yo seguiré persiguiendo mi objetivo. Ojalá pronto todos los traidores teman el nombre de Kalista.
La sombra de la guerra
Escucha la historia del implacable jinete fantasmal,
escucha retumbar el suelo con sus cascos de metal,
su grupo de caballería cabalga raudo en la llanura,
el sonido del acero al trote llegará a la noche más oscura.
"¡Madre, huyamos del pueblo ahora que es seguro!"
Grita el niño llorando de miedo antes de ser uno con el muro.
Como un ariete sus embestidas rompen la voluntad y el coraje,
el color de la negra noche y la carmesí sangre es su traje,
pues la corte de este rey oscuro viene a la carga sin paje.
Persiguen la guerra y no hallan gozo en perseguir a gente asustada,
si sobrevivimos hoy, buscarán lanzar otro ataque la próxima jornada.
Que alguien nos salve de su sed de batalla, no puedo cada noche escuchar la metralla
pues la estrategia del miedo nunca le falla y la gente no calla:
"¡Déjanos vivir, Hecarim! ¡Seremos buenos, no opondremos resistencia!"
Pero aún así los ataques no cesan, y perdemos la paciencia.
El mensajero de la muerte
Los Brewster han podido encontrar una propiedad decente en mitad del campo que nadie parecía querer. Al padre le gusta la bodega que hay en el sótano, a su esposa le enamora poder tener un pequeño invernadero dónde plantar sus flores, y a los peques les encanta el pequeño molino abandonado en el que imaginan que son grandes guerreros y aventureros o magos. Los Brewster siempre han sido famosos pescadores, pero era hora de probar algo nuevo. Tras un duro día de trabajo, el padre de familia logró plantar una considerable hectárea con zanahorias y nabos, quizá así podrían ganarse la vida, aunque eso le quitase el poder ir a pescar peces ¡Había que romper con la tradición! Pero el pobre señor Brewster no reparó en los cuervos que habitaban en la cercanía, que se juntaban para arruinarle la cosecha. Frustrado, decidió alejarlos en plena noche y apañó un feo espantapájaros, al que armó para intimdar más a los carroñeros negros alados.
Lamentablemente el señor Brewster no era tan perspicaz como su bigote blanco indicaba y al no entender la mente de los pájaros, estos simplemente regresaron a su hábito natural. Pero entonces la isla sufrió el ataque de los magos. Tras algo parecido a una horda de caos y guerra en las islas atacase a la isla, La agitación, levantó a los pájaros, que empezaron a volar en gran manada, oscureciendo el cielo. La familia decidió dejarse de tonterías. Armando al padre y al mayor de los niños con escopetas, y estos empezaron a disparar, alejando a las bestias. Todo parecía calmado, pero entonces el señor Brewster reparó en que faltaba el espantapájaros. Enfadado, se giró y se sumó al susto de su familia: su casa estaba oculta bajo una bandada de cientos de cuervos, y sobre todos ellos, el temible espantapájaros, que ahora se movía. Nadie supo cómo ni porqué, pero ese objeto inanimado cobró vida y usó a sus fieles mascotas aladas para ejecutar a sus amos. La gente empezó a hablar de "Fiddlesticks", como si fuese uno de los espíritus que sirven a los dioses de la muerte, y algunos lo tacharon de ser su emisario principal, pero la verdad es que puede que ni siquiera el espantapájaros sepa si actúa por sí mismo. Lo que sí es sabido es que, basta con ver a un cuervo acompañado y sin mensaje en su pata para saber que Fiddlesticks anda cerca en busca de víctimas.
La hacedora de viudas
Los hombres son juguetes divertidos, y las mujeres obstáculos fáciles de exterminar. Es suficiente con acercarse a ese señor solitario del bar, ponerle la mano en la entrepierna y susurrarle cosas bonitas para que te pague una habitación y haga que te diviertas un rato. Aunque algunas veces solo ellos se divierten, lo cuál me resulta contraproducente... En todo caso, cuándo ya he jugado con ellos, acabo con sus miserables vidas. Me gusta pincharles la garganta con los tacones hasta que sangran por la boca y parece un cuenco lleno de vino. Es elegante. Algunas veces me gusta hacer creer que se han suicidado y otras simplemente, cuándo no quiero mancharme de sangre, o los enveneno o dejo que mis pinchos los empalen. Aunque cuándo tengo hambre busco a un hombre bien gordo a que comerme. Cuesta abrirse paso entre la grasa, pero mis uñas son armas muy poderosas. Luego están las mujeres... alguna que otra ha caído ante mis encantos, pero opino que no somos tan divertidas. Es decir, los pechos son como almohadas la mayoría de veces pero aparte de ser más bonitas y más incansables son como un largo viaje que no siempre compensa. Me divierte más verlas llorar al ver cómo les he robado y matado a los hombres ¿Quién llora cuándo pierde a su juguete? Id a buscar uno nuevo, debiluchas. Supongo que no todas cuentan con mis habilidades. Ojalá algún día tenga hijas solo para expandir mi legado y mis formas. Aunque debo admitir que en todo este tiempo solo he conocido a un depredador tan poderoso como yo. Melena negra, sombrero y siempre huyendo con sus trucos de magia... ese hombre me va a volver loca si no me hace enfermar antes. Apenas le conozco pero con una sola mirada puedo verle como un digno rival. Lamentablemente sucumbirá a mis armas de mujer y colgaré su cabeza del techo. Finalmente encuentro a una presa valiosa...
La reina de las arañas
El carcelero implacable
Castigo eterno, el sonido de las cadenas apretando los huesos hasta que crujen junto al de los últimos alientos, el olor de lo inevitable y la inacabable tortura de las almas de las que me adueño ¿No suena a paraíso? Algunos me llaman loco, y quizá estén en lo cierto, pero la única certeza en esta vida es que tarde o temprano tu alma servirá en mi prisión personal. Las vidas finitas me intrigan, los animales se revuelcan en su naturaleza efímera con un insultante aire de superioridad, como si su dicha fuese a durar para siempre, pero yo discrepo enérgicamente. Sus risas, su felicidad... Qué veneno tan terrible es para mí. No soy feliz hasta que gritan y lloran en desesperación. Desconozco los placeres de la comida y la bebida, pero ver lágrimas mezclarse con sangre es un gozo que trasciende la realidad. Hubo una alma que disfruté en particular de arrebatar. Ella era una mujer de piel morena y su marido era igual a ella, pero me caía peor, todo el día sonriendo. Me sentí especialmente ofendido cuándo la pareja vino a perturbar la calma de las islas. Decidí hacer lo que mejor sé hacer y librarme de ella, que era la parte fuerte. Lo que no sabía es que matarla despertaría a esa bestia. Tomó su pistola y juró matarme. Pobre iluso, mi deber continuará por los siglos de los siglos y él envejecerá. Pero sigo recordando con claridad como ese hombre perdió la sonrisa y ahora desconoce la felicidad. Su sufrimiento trata de encontrar negación en la realidad. Lucha con una fiereza inhumana para vengarse de mí, y eso me resulta tan entretenido... Hay monstruos que se dice que al arrancarles una cabeza les salen dos más. Los humanos normalmente se vuelven más débiles cuánto más están contra las cuerdas, pero este sujeto ha adquirido una determinación digna de uno de los nuestros. Si Lucian no acaba conmigo, acabaré por poseerle y convertirle en otro carcelero más. Será divertido aplastar su alma y sentir como su cuerpo estalla por dentro en sangre y dolor... Mientras tanto, debería recolectar más almas ¿Serás tú la siguiente?
El bufón siniestro
Es el quinto día en el que muere alguien. Otro cuchillo directo a la frente. Pensaba que los que acababan en un torso o una garganta eran de otro asesino, pero cada vez estoy más seguro de que todo es culpa de la misma persona. Los cuchillos son todos idénticos, este criminal no es tan listo como parece. Al menos nos deja pistas. Aunque no lleven a ningún lado. La última ocurrencia extraña han sido unas cajas sorpresa gastadas y viejas para dar sustos a los niños, así como confeti y bombas de humo ¿Un payaso? Menuda estupidez. Quizá es que todas las víctimas tengan una conexión con el circo ¿Una vendetta personal sobre otros circenses? Este caso me va a dejar seco. Desearía poder volver a Piltover y ordenar mis pensamientos. Mira que darme todo el trabajo a mí... Existe esa sheriff que es tan buena detective ¿Por qué a mí? Me acabo de sacar la carrera, así que supongo que me toca pringar con lo más desagradable. Esta isla no es segura. "Islas de la Sombra". El nombre ya lo dice todo ¿Y ahora quién llama a estas horas? Sigue lloviendo, seguro que quieren venderme algo. Tranquilo Jonathan, finge una sonrisa y diles que te dejen dormir en paz, no puede ser tan terrible. ... ¿Hola? Mierda, seguro que era un niño de estos tontos que llaman a las puertas para luego salir corriendo. Vaya tontería. Iré a cortarme una manzana a ver si me calmo. Un momento... ¿Y mi navaja?
A la mañana siguiente Jonathan fue encontrado muerto en su cocina con varias puñaladas en la espalda. Fue imposible encontrar al asesino. Los ciudadanos que emigraron a las Islas a la Sombra no tardaron en regresar a sus casas en barcos. Pero desde que partieron, cajas de sorpresa fueron encontradas en los barcos...
La pesadilla eterna
Papi no me cree cuándo le sigo que hay un monstruo fuera de nuestra casa. Le digo que tiene garras de metal afiladas pero dice que seguro que solo son los adornos de mi disfraz de princesa. Le digo que me da miedo dormir con la luz apagada y que venga el monstruo pero me dice que no pasará nada, pero yo sé que él me está mirando. Se esconde bajo la cama y repta por el suelo y las paredes, convirtiéndose uno con la oscuridad. "Sch sch sch". Es el sonido que hace cuándo quiere susurrarme algo. Le grito que no quiero escucharle y eso despierta a papi y mami que vienen a ver qué me pasa. Siento no dejarles dormir pero es que tengo miedo... El monstruo es malo y quiere hacerme pupa. Pude verlo incluso cuándo fuimos al cumple de Martha. Cuándo fuimos a jugar con su caballo pude verle entre los árboles. Esta vez gritaba: "Ven conmigo. Abraza la oscuridad". Lo último que recuerdo es que acabé con vómito sobre mi vestidito. Pero desde ese día todo está mal. Papi he empezado a gritarme y mami hace como si no existiese ¿Por qué? Me puse a llorar en el cuarto a ver si me hacían caso, pero solo conseguí que papi me diese una bofetada. Entonces él apareció. Les cortó en canal con sus grandes garras y me tendió su mano. No era tan malo cómo yo creía, ha hecho que todo vaya bien, me ha salvado. Supongo que le agarraré la mano. Uh, ahora me levanta ¡Qué divertido! Espera ¿Qué piensa hacer con esa garr-
El maestro del metal
Era un sábado negro. El funeral del último rey de las Islas de la Sombra, Mavick el tuerto. Un anciano viejo, cruel y pervertido que no aceptó de buen grado su destino, pero aún así se les forzó a sus ciudadanos a llorar en el entierro como si en verdad lamentasen su pérdida. Era muy sencillo fingir una lágrima por ese monstruo de ropa negra que les mangoneaba y robaba, pero como toda moneda, siempre hay dos caras: la doncella de hierro que sería su tumba albergaba al hombre que hacía que los monstruos de las Islas no atacasen. Fue tras la muerte del rey tuerto cuándo los asesinatos del bufón empezaron. Pero algo mucho peor aconteció en la ceremonia funeraria. Sin previo aviso, el personal del rey cerró todas las puertas y ventanas del lugar, que quedó iluminado solo por tímidas velas. Los cuchicheos entre la gente aumentaron, la confusión apareció y se expandió con suma facilidad, pero el silencio se hizo tras un golpe. El ataúd del difunto rey había sido roto en dos, partido por la mitad, y el cadáver también, separado de cintura para arriba de sus piernas. Y entre las dos partes del cuerpo y el ataúd restaba una enorme bola de maza, con afilados picos. Tras unos segundos silenciosos, la maza se elevó y reposó sobre un hombro: una armadura viviente de ojos rojos como la sangre y que alzaba más de dos metros del suelo les observaba. Cuándo todos los presentes comprendieron la naturaleza de lo que estaba teniendo lugar, los gritos inundaron el ambiente, pero el maestro del metal no disfruta del caos si no es quién lo organiza. Con lentos pasos se empezó a abrir paso por el edificio. Los símbolos religiosos de aquella iglesia ardían, se fundían o se desintegraban a su presencia, era un demonio, un espíritu destructivo. La gente luchó por abrir alguna puerta o ventana, pero el personal había desaparecido. Un barrido de maza después y ya había cinco personas sin cabeza, incrustadas en las paredes con la sangre esparciéndose por todo el mobiliario. "Mordekaiser" susurraba el clérigo, que no tardó en ser alzado del cuello. Mientras rezaba desesperado y asustado, el maestro del metal absorbió su alma con un deleite tenebroso. El cuerpo sin vida del religioso fue usado de proyectil para matar a un niño que gritaba en un tono muy agudo. Mordekaiser alzó la maza, y lo que ocurrió luego es demasiado grotesco y desagradable cómo para ser narrado. Simplemente, el hogar sagrado de los dioses era ahora un infierno.
El treant retorcido
Antaño, esta tierra era tan bella que los humanos se volvían uno con el entorno, asimilando vidas enteras desprovistos de la mácula de la tecnología. Pero su bondad escondía malas intenciones. Quise confiar en ellos cuándo empezaron a adorar el musgo y la piedra, y en cuánto escucharon mi voz trascender sus débiles mentes, fue cuándo todo se perdió. No debí haberles dado el don de la magia como si fuesen hijos míos, pues volvieron su poder contra mí. Los humanos dominaron la magia y usaron los árboles e incluso algunos de los suyos para alimentarse a ellos mismos. Era como si árbol arraigase en otro, matándolo para subsistir. Era enfermizo, pero era también demasiado tarde. La escoria humana debilitó mi poder y marchitó los bosques de la gloriosa tierra a la que yo amaba, y parecía que iban a destruir el roble milenario que daba vida al resto del bosque, pero yo no dejé que aquello ocurriese. Cómo espíritu del bosque, me metí dentro del roble, poseyéndolo. E hice que se levantase, canalizando a través de él mis hechizos hasta que pude matar a los suficientes magos, pero otros huyeron. No me di por vencido, moldeé al roble para poder moverlo del lugar y perseguí a los humanos uno por uno hasta acabar con ellos, mas creo que no me libré de todos, pues entonces aparecieron los espíritus corruptos. Símbolos de muerte, venganza, tortura y perdición tomaron forma. Vi como una de los magos se convertía en una heraldo de la lujuria, de las cenizas salieron las arañas y su señora: Vilemaw. Y una maga se transformó para obedecer a la diosa arácnida. La mayoría de magos abrazaron los lados más macabros de su humanidad, y algunos hasta despertaron el mal de las islas, arrancándome de los restos de mi alma magia para convertirse en espíritus que rozaban mi poder. No pude hacer nada: me deformé y quedé encerrado en el cuerpo del árbol que poseí, y pasé de ser el espíritu divino de la naturaleza a ser un mero prisionero encerrado en madera dura como la piedra. Lloré y sentí debilidad por primera vez en la vida, maldije mi nombre en aquella lengua que solo yo conocía, y decidí entonces responder al nombre de "Maokai". Un nombre retorcido para una criatura retorcida como la que he acabado siendo, pues ahora me siento indigno de mi verdadero nombre. Pero me las pagarán. Los humanos no merecen la magia, no la saben usar bien. Pienso dedicar la eternidad de mi existencia a dar caza a los magos de toda Runaterra para matarlos entre mis ramas, les enseñaré algo realmente retorcido, acabarán lamentando su imprudencia y sobretodo, pedirán perdón por el día en que destruyeron el orden natural.
La voz de la muerte
-¿Te acuerdas de esos días en los que íbamos a la playa los tres, cariño?
-Por supuesto que los recuerdo, mi vida. La arena fina, el sonido de las olas, sus risas, tus indicaciones de que no se metiera en el agua y mis copas de zumo de arándanos... Eran días bonitos.
-¿Qué hicimos mal?
-Quizá no había nada que pudiéramos haber hecho. Él simplemente era así. Es decir, fue él quién en tu cumpleaños te regaló un gato muerto. A mí toda una colección de bichos disecados. Algo pasaba con nuestro pequeño.
-Siempre he querido pensar que solo era un niño de gustos particulares, que incluso otros críos hacían lo que él hacía.
-Pero te engañabas.
-No sabía cuánto. Se le veía siempre tan contento y feliz...
-Cuándo no estaba apuñalando a las ratas que capturaba.
-Quizá sí tuvimos a un pequeño monstruo con nosotros todo este tiempo.
-...
-Cariño.
-Dime.
-¿Cuánto crees que durará esto? Quiero perder el sentido ya y dejar de sentir nada.
-No lo sé. Desde que vino esa criatura de pelo blanco, rostro cadavérico y presencia fantasmal, solo puedo sentir un frío terrible y noto como floto perdida en el tiempo. Te dije que aquí habían monstruos peligrosos.
-Sabes que ese monstruo que nos mató era nuestro hijo.
-No. Me niego a creer que mi hijo se haya convertido en eso y que ni nos recuerde. Si estamos muertos... al menos deja que piense que no ha sido él.
-Tienes razón...
-...gracias.
-...
-...
-Oye.
-¿Sí?
-Gracias por darme una vida de felicidad. Al menos ahora podremos pasar la eternidad juntos.
-Idiota...
Ah... la melodía de la muerte es tan dulce... Creo que estos dos últimos me sonaban de algo, puedo sentirlo en esas últimas notas calladas de desesperación ¿Quién eran? Tic, tac, se me acaba el tiempo. Toca ir a por más víctimas, no merece la pena recordar una vez has descubierto la sonata definitiva de la belleza póstuma.
El espíritu de la venganza
Mi sorpresa al encontrarme con esa mujer no puede describirse con palabras. Nada más verla pensé que otro espíritu perturbaría y corrompería mi tierra, antaño sagrada y bendita, pero me alegra afirmar que no fue así. La guerrera me señaló con la lanza de su mano y vio mi pasado como si me atravesase la mente. Ambos hemos sido traicionados, pues de ella también se tomaron demasiadas confianzas. Le conté mi historia, de cómo los magos destruyeron este refugio místico, convirtiéndolo en la tierra de la desesperación. Su veloz desaparición me preocupó, pero poco a poco noté que la magia esparcida por los rincones de la isla iba desapareciendo. Pasé meses sin volver a verla y ahí por dónde iba en mi incesante viaje encontraba cuerpos humanos con agujeros en su estómago. Al parecer alguien hizo bien su trabajo. Cuándo no quedaba más magia que la de los otros espíritus en la isla, ella volvió a aparecer. No recordaba su nombre, pero yo sí. Nada más sentir su frío tacto fantasmagórico noté el calor de esa niña. Kalista. Cuándo yo era el espíritu del bosque, ella venía a jugar con los animales y las flores, pero entonces vinieron los demás humanos que corrompieron el bosque. Ella se había enrolado en el ejército por lo que parece ser, pero no me dijo a qué bandera servía, pues he oído que los humanos son mucho más fratricidas que hermanos, en todos los sentidos. Y sentí lástima. Mientras ella perseguía a un objetivo desconocido le atacaron sus propios hombres y ahora, a raíz de la magia es... esa cosa horripilante y deforme. Al menos parece no recordar el dolor y la agonía. Me sorprende haber tardando tanto en descubrir su identidad, pero supongo que mis propios problemas me eclipsan y nublan mi juicio. Dice que se dedica a castigar a los traidores. Yo castigo a los humanos por sus crímenes, así que no somos tan diferentes. Me siento como si fuera quién la engendró, pero nuestros caminos ya se han separado. La vi marcharse en la niebla, atravesando el océano. Me habló de un lugar habitado por piratas, dónde la traición está a la orden del día. Le deseo mucha suerte en su búsqueda, yo seguiré persiguiendo mi objetivo. Ojalá pronto todos los traidores teman el nombre de Kalista.
La sombra de la guerra
Escucha la historia del implacable jinete fantasmal,
escucha retumbar el suelo con sus cascos de metal,
su grupo de caballería cabalga raudo en la llanura,
el sonido del acero al trote llegará a la noche más oscura.
"¡Madre, huyamos del pueblo ahora que es seguro!"
Grita el niño llorando de miedo antes de ser uno con el muro.
Como un ariete sus embestidas rompen la voluntad y el coraje,
el color de la negra noche y la carmesí sangre es su traje,
pues la corte de este rey oscuro viene a la carga sin paje.
Persiguen la guerra y no hallan gozo en perseguir a gente asustada,
si sobrevivimos hoy, buscarán lanzar otro ataque la próxima jornada.
Que alguien nos salve de su sed de batalla, no puedo cada noche escuchar la metralla
pues la estrategia del miedo nunca le falla y la gente no calla:
"¡Déjanos vivir, Hecarim! ¡Seremos buenos, no opondremos resistencia!"
Pero aún así los ataques no cesan, y perdemos la paciencia.
El mensajero de la muerte
Los Brewster han podido encontrar una propiedad decente en mitad del campo que nadie parecía querer. Al padre le gusta la bodega que hay en el sótano, a su esposa le enamora poder tener un pequeño invernadero dónde plantar sus flores, y a los peques les encanta el pequeño molino abandonado en el que imaginan que son grandes guerreros y aventureros o magos. Los Brewster siempre han sido famosos pescadores, pero era hora de probar algo nuevo. Tras un duro día de trabajo, el padre de familia logró plantar una considerable hectárea con zanahorias y nabos, quizá así podrían ganarse la vida, aunque eso le quitase el poder ir a pescar peces ¡Había que romper con la tradición! Pero el pobre señor Brewster no reparó en los cuervos que habitaban en la cercanía, que se juntaban para arruinarle la cosecha. Frustrado, decidió alejarlos en plena noche y apañó un feo espantapájaros, al que armó para intimdar más a los carroñeros negros alados.
Lamentablemente el señor Brewster no era tan perspicaz como su bigote blanco indicaba y al no entender la mente de los pájaros, estos simplemente regresaron a su hábito natural. Pero entonces la isla sufrió el ataque de los magos. Tras algo parecido a una horda de caos y guerra en las islas atacase a la isla, La agitación, levantó a los pájaros, que empezaron a volar en gran manada, oscureciendo el cielo. La familia decidió dejarse de tonterías. Armando al padre y al mayor de los niños con escopetas, y estos empezaron a disparar, alejando a las bestias. Todo parecía calmado, pero entonces el señor Brewster reparó en que faltaba el espantapájaros. Enfadado, se giró y se sumó al susto de su familia: su casa estaba oculta bajo una bandada de cientos de cuervos, y sobre todos ellos, el temible espantapájaros, que ahora se movía. Nadie supo cómo ni porqué, pero ese objeto inanimado cobró vida y usó a sus fieles mascotas aladas para ejecutar a sus amos. La gente empezó a hablar de "Fiddlesticks", como si fuese uno de los espíritus que sirven a los dioses de la muerte, y algunos lo tacharon de ser su emisario principal, pero la verdad es que puede que ni siquiera el espantapájaros sepa si actúa por sí mismo. Lo que sí es sabido es que, basta con ver a un cuervo acompañado y sin mensaje en su pata para saber que Fiddlesticks anda cerca en busca de víctimas.
La hacedora de viudas
Los hombres son juguetes divertidos, y las mujeres obstáculos fáciles de exterminar. Es suficiente con acercarse a ese señor solitario del bar, ponerle la mano en la entrepierna y susurrarle cosas bonitas para que te pague una habitación y haga que te diviertas un rato. Aunque algunas veces solo ellos se divierten, lo cuál me resulta contraproducente... En todo caso, cuándo ya he jugado con ellos, acabo con sus miserables vidas. Me gusta pincharles la garganta con los tacones hasta que sangran por la boca y parece un cuenco lleno de vino. Es elegante. Algunas veces me gusta hacer creer que se han suicidado y otras simplemente, cuándo no quiero mancharme de sangre, o los enveneno o dejo que mis pinchos los empalen. Aunque cuándo tengo hambre busco a un hombre bien gordo a que comerme. Cuesta abrirse paso entre la grasa, pero mis uñas son armas muy poderosas. Luego están las mujeres... alguna que otra ha caído ante mis encantos, pero opino que no somos tan divertidas. Es decir, los pechos son como almohadas la mayoría de veces pero aparte de ser más bonitas y más incansables son como un largo viaje que no siempre compensa. Me divierte más verlas llorar al ver cómo les he robado y matado a los hombres ¿Quién llora cuándo pierde a su juguete? Id a buscar uno nuevo, debiluchas. Supongo que no todas cuentan con mis habilidades. Ojalá algún día tenga hijas solo para expandir mi legado y mis formas. Aunque debo admitir que en todo este tiempo solo he conocido a un depredador tan poderoso como yo. Melena negra, sombrero y siempre huyendo con sus trucos de magia... ese hombre me va a volver loca si no me hace enfermar antes. Apenas le conozco pero con una sola mirada puedo verle como un digno rival. Lamentablemente sucumbirá a mis armas de mujer y colgaré su cabeza del techo. Finalmente encuentro a una presa valiosa...
La reina de las arañas
Vilemaw, tú me has abierto los ojos. Pensaba que me conformaría con una vida de riqueza y privilegios pero vivir como un animal es infinitamente más divertido. El trato es sencillo: yo te traigo presas para que te alimentes y tú expandes mi vida y me das poderes y fuerza de bestia. Ser un arácnido ya no es tan repugnante como lo parecía la pequeña Elsiabeth. Ahora soy Elise... soy la reina de las arañas, y tú, Vilemaw, eres nuestra diosa. Deja que te sirva con gusto, pues tú creas vida y arte con tu solo respirar. Los cuerpos sin vida que te doy se convierten en nidos de larvas que se abren como huevos y llenan el lugar de pequeñas arañas negras. Las he esparcido por la isla cómo me pediste y lo están corrompiendo todo. A veces no tengo ni que esforzarme y vienen los amantes de los bichos a por nuestras pequeñas, y ellos, caen como moscas en nuestra red. Me siento... tan en el cielo. Lo mejor de una mujer y lo mejor de una araña ¿Por qué no reunimos a más adeptos, oh Vilemaw? Sé que soy tu mejor hija, pero podría dar a luz a una raza entera. Piénsalo, sería fantástico. Tener a nuestra voluntad a miles de acólitos... Pero no cuestionaré tus órdenes. Ahora... quiero jugar con algunos humanos más.